Si el pasado lunes pasé la tarde con Elena y Javi realizando su sesión de fotos de preboda… ¡el sábado tocó inmortalizar su gran día!
Fue una boda muy bonita y muy alegre, tal como son ellos. Lo que me encontré fue un ambiente muy agradable que me hizo sentir muy cómoda. En el momento en que entras a casa de una novia, la encuentras llena de gente que no conoces, y te hacen sentir como en casa, sabes que tienes un gran día por delante.

Hubo calor, muchas sorpresas, canciones en la iglesia (incluida “s’ha feito de nuey” muy bien cantada por cierto, que casi hace que se me escapara el lagrimón), sonrisas a millones, alguna que otra lágrima, regalos, abrazos también a millones, y mucha empatía y cariño. Es un lujo trabajar con personas que tienen en cuenta a las personas, y que las cuidan, porque eso crea una conexión especial y se nota mucho a la hora de fotografiar.

¡Hacía calor! (si, ya se que lo he dicho antes) y en la finca donde se celebró el banquete había piscina, así que os podéis imaginar donde acabaron los novios ¿no?…jajajaja.
El único mal recuerdo que me llevé de ese día, fue el picotazo que una mosca negra me plantó en el codo, y me hizo despertar al día siguiente con el brazo más hinchado que el muñeco de Michelin. Me volví a casa con el brazo-butifarra, con la satisfacción de haber pasado un gran día de trabajo, y con un bonito estuche de sombras de ojos que la hermana y maquilladora de la novia me regaló, y que me pareció un detallazo precioso.

Y es que así es como fue la boda de Elena y Javi, una boda con personas de las buenas, de las que dejan huella.

¡Os deseo toda la felicidad del mundo, pareja, y que sigáis siempre así!

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