El pasado sábado tocó hacer la sesión de preboda de Raquel y Eduardo, que se casan en breves, el próximo 12 de Septiembre.
Todo el día pendiente de la ventana y las páginas del tiempo en internet. Llevaban desde el lunes anunciando lluvias para el fin de semana, y con el tiempo justo y falta de días para posponer la sesión, pasé el sábado cruzando los dedos para que no cayera la mundial.

Tocaba volver a mi querido trolebús, el número 74 y en el que ya realicé la postboda de Víctor y Paula un par de meses antes. Con todos los bártulos (paraguas incluido por si acaso) cogimos el coche no muy convencidos de lo que nos íbamos a encontrar porque estaba muy nublado. Pero de camino por la carretera, empezó a salir el sol y lo que nos encontramos fue una luz de película, de esa que se filtra entre las nubes los días de tormenta, y que además tenía un tono naranja porque venía el atardecer. Todo un lujo, y mucha suerte ;-)

También nos encontramos con libélulas, abejas, lagartijas y demás bichos de campo, y nos volvimos a casa con alguna que otra picadura, como es tradición! jajaja.
Y finalmente si que llegó el anunciado chaparrón, breve pero intenso, y tuvimos que refugiarnos dentro del trolebús porque el coche estaba aparcado lejos. Nos dio tiempo de fijarnos en cada detalle y rincón del “bicharraco de dos pisos”, tanto a ellos como a mi nos gusta lo antiguo, los lugares abandonados, de ahí que decidiéramos hacer sus fotos allí.

Nos dio tiempo hasta de encontrarnos con una carta escrita de puño y letra, que andaba por ahí rebozada de barro.
¿Quizá de alguna novia que el conductor del viejo trolebús tenía por aquel entonces en alguna cuidad de Europa, y que por despiste había perdido? y después de tantos años, olvidada entre el barro y los restos de cristales rotos fue a parar a nuestras manos…

No precisamente, pero imaginación no me falta y me encanta pensar en historias, en lo que se ha podido vivir en un lugar determinado en su época de esplendor. Tal vez tendría que haber elegido ser directora de cine en lugar de fotógrafa, por las películas que me monto.

En realidad la carta databa del año 90, alguien desde Montevideo le contaba a Faustino como había sido el viaje de regreso a su país, que el vuelo salió de Madrid con 3 horas de retraso, que en el aeropuerto les estaban esperando Mª Fernanda, Santiago, Guillermo…y que había nacido Martín el día 3 de Noviembre por cesárea. Una historia seguro que muchísimo más apasionante que la moñada de la novia del conductor, un ejemplo más de que la realidad supera la ficción, y de que una letra caligráfica no siempre tiene porque ser de 5 décadas atrás. Todavía queda gente con letra bonita que escribe cartas a mano en lugar de emails, ayer mismo abrí el buzón y me encontré con una postal que una amiga me mandó desde Riga en sus vacaciones.

Siempre una gozada visitar el trolebús, y más en tan buena compañía. Gracias por esa tarde de sábado, Eduardo y Raquel!

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