Llevaba unos días sin aparecer por aquí porque ahora la dedicación está centrada en los reportajes de boda, pero he hecho un pequeño paréntesis para poner una sesión de embarazo que es especial.
Lo es, porque justo como la entrada anterior los protagonistas son mis primos, Isabel y Dani. Y es que ya comenté que estamos a la espera no de un nuevo miembro en la familia, si no de dos…¡voy a ser tía de dos nuevos peques, Matías y Sara!
Quien me conozca ya sabe que soy urbanita por naturaleza, pero cada vez más, encuentro alivio escapando al pueblo de vez en cuando (quien me lo iba a decir a mi). Y fotografiando allí también.

Es necesario tomarse un respiro de asfalto y tráfico, ver monte monegrino y rebuscar en la casa del pueblo, porque todas ellas esconden los mejores atrezzos del mundo.
Esta sesión de embarazo es bastante distinta a las que suelo hacer, en este caso ya hay una peque y eso da más juego, pero también complica el trabajo. A veces los pequeños de la casa no están por la labor de posar, ¡y eso fue justo lo que pasó con Irene!.

Además fue como un viaje en el tiempo, la idea era hacerlas en “plan antiguo”. El lavabo, mi querida tela amarilla de la abuela, el camisón antiguo que se puso mi prima, y lo mejor de todo, el vestido que le pusimos a Irene. Me enamoró nada más verlo y me sorprendió que fuera del abuelo Pedro, es decir, de nuestro bisabuelo (el de Isabel y el mío). Me encantan estas cosas y estos saltos generacionales.

Las últimas fotos fueron ya en 2016, pero valió la pena el viaje… jajaja.

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